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¡Seamos mágicos de nuevo!

 

 

Por Dulce Reyes/Colaborador huésped

Tan real es la realidad que se necesita como la realidad que se conoce
Eduardo Galeano

 

Me sentaré a esperar a que las cosas sucedan, a que la suerte llegue, a que la mente atraiga tan solo cosas positivas, a que haya un complot de la naturaleza para tener una mejor vida, a que se alivien mis males y los del mundo con un par de rezos y unos rituales. Me sentaré a leer el café, la bola mágica, echaré las cartas para conocer mi futuro ya escrito y reconoceré esta noche a los astros que se alinearon el día de mi nacimiento. Me sentaré a esperar la magia.

bg-familiar¿Quién puede afirmar en la actualidad que hay una fuerza superior que nos permite curarnos sin médicos? ¿Quién cree en estos tiempos que las estrellas se alinean para darnos oportunidades de ser felices? ¿Quién es capaz de levantar la mano y decir que sin esfuerzo se pueden conseguir las cosas? ¿Quién cree en los poderes inexplicables y sobrenaturales de la mente y las manos de los magos? Si alguien lo hiciera convencido de que la naturaleza, Dios, la energía, la mente, el destino, el viento, o fuerzas sobrenaturales nos permiten lograr la vida día con día, o que nos brindan tener una pareja en armonía, unos hijos sanos, o un trabajo de ensueño, seguramente los tacharíamos de locos, de crédulos, de ilusos, de retrógradas e ignorantes.


En estos días donde la ciencia es lo que pesa, la magia no sirve, no explica nada. Como decía Francis Bacon, la magia mataría la industria, pues es repulsivo pensar que uno puede lograr las cosas con un puñado de recursos inútiles y no con el sudor de su propia frente. Recursos que no se pueden explicar y a veces tampoco nombrar, que no caben en el lenguaje ni en la realidad que conocemos.


¿Magia? Sí. Desde la quiromancia hasta la adivinación, desde el uso de hechizos hasta la curación, la magia abría una gran cantidad de posibilidades. Había hechizos diseñados para ganar juegos de cartas, para interpretar instrumentos desconocidos, para volverse invisible, para conquistar el amor de alguien, para ganar inmunidad en una guerra, para hacer dormir a los niños (Federici, 2013). Hubo un tiempo en que la gente realmente lo creía, lo anhelaba, lo rezaba, lo soñaba, lo hacía realidad.

Ahora, quienes osan en creer en la magia son llamados ociosos, incultos, huevones, conformistas, pues el sistema capitalista actual nos ha hecho pensar que debemos trabajar para apenas ganar unas cuantas monedas que ayudarían a satisfacer las necesidades más básicas, que si no hay sudor en la frente y hambre en el estómago, no somos merecedores del alimento, la ropa, o incluso, el tiempo libre, nuestro propio tiempo libre. Porque si así no lo creyéramos, ese sistema seguro habría muerto. Sin embargo, aún estoy segura de que la magia pervive, porque la escucho en la canciones, en la música que sale de entre los árboles, en el sonido de las voces de mis humanos. ¡Tanta magia aún! Porque el hombre todavía no ha sido capaz de explicar el todo que lo envuelve, y hay muchos sentimientos, sensaciones, placeres, acciones que no se pueden concebir más que como magia. Decía Frida Khalo: “Escoge un amante que te mire como si quizás fueras magia”. ¿Qué es entonces la magia? ¿Es lo sublime? ¿Es la naturaleza humana? ¿La magia es la esperanza y la grandeza de las pequeñas cosas? ¿Es la mente humana? ¿Qué es? ¿Cómo la entiendes?

Aunque parece una locura, en la actualidad, así como los sueños, la magia urge hacerse presente en este mundo en donde se piensa que todo se puede comprar, aunque algunas veces lo único que queda es hacer un trueque con la Naturaleza y las energías, para que nos mande la buenaventura. Porque la magia ha sido una representación histórica de la vida de los seres humanos, y nos enseña que el dinero no lo puede todo. No estaría nada mal volver a ser mágicos, escaparnos de la realidad que se vislumbra cada vez más injusta, volver a danzar para que la lluvia se haga presente sin ser ácida, para que el agua corra por los ríos con libertad y sin ser cobrada con oro, para que la mujer pueda parir sin dolor, para que no se asesine más la fe en nosotros mismos y en nuestra humanidad. ¡Seamos mágicos de nuevo! ¡Seamos ritual! ¡Seamos lo complejo, no inexplicable!

 

 

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