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YA NO SÉ SI MALDECIRTE O POR TI REZAR

Por: Alejandra Teopa/ Antropologa/  Colaboradora Huésped

La imagen que se tiene de los mexicanos en el extranjero, porque ha sido la más difundida, es la del macho bravucón aficionado a la botella y que hace constante alarde de su capacidad sexual.

jorge-destacada 0A su lado, siempre se presentan una o varias mujeres sumisas esperando por su amor. Ambos viven historias amorosas donde ellos ejercen lujo de violencia y manipulación sobre cómo deben comportarse las mujeres.

 Este machismo mexicano se ha hecho patente y notable a nivel internacional gracias a las producciones cinematográficas nacionales del siglo pasado que han sido confeccionadas de esta materia prima. De tal manera que quien viene a México se imagina encontrar a todos los hombres con caballo, botella, sombrero y pistola, pero… ¿Qué es lo que se encuentra?

Cuando un extranjero visita nuestro país y escucha una típica canción mexicana, encuentra que ese hombre macho, valiente, mujeriego, e indomable es víctima de abandonos, engaños y traiciones por parte de las “malvadas” mujeres; o al menos así se representan en la mayoría  de las canciones populares mexicanas.

Así, aquel que alardea de tener mil amores canta: “Yo lo que quiero es  que vuelva / que vuelva conmigo / la que se fue”. Podrá ser muy mujeriego pero hay una de mal corazón que lo abandonó. Quien se asegura inconquistable prefiere cantar: “me cansé de rogarle / me cansé de decirle / que yo sin ella / de pena muero” Porque no importa a cuántas haya enamorado en su camino encontró a una perversa mujer que no se dejó conquistar y lo lleva al borde de la muerte. Y ese que se dijo siempre libre e independiente canta: “tres días sin verte mujer / tres días llorando tu amor” Puede ser duro e indiferente con las que lo aman pero aquella que no le corresponde es por la que ha de llorar.

Otras canciones nos cuentan historias de ingratitud y traición. Si en las películas de los años 50’s las mujeres eran las engañadas y traicionadas por los hombres, en las canciones ocurre todo lo contrario. En el caso: “…Y la ingrata calandria luego que la sacó / tan pronto se vio libre / voló, voló y voló.” La calandria quien en un primer tiempo ofrenda su amor al gorrión, éste hace esfuerzos, pone su afecto y esperanza por merecerlo y terminar frustrado; insiste en que lo quieran pero la calandria niega toda promesa pasada y le abandona. El gorrioncillo ante el abandono llora su situación dolorosa.

Pero también abundan las canciones que hablan de dolor y despecho, donde el macho se ríe y se burla de aquella que lo lastimó. Como ejemplo tenemos: “…es por eso que he venido / a reírme de tu pena / yo que a Dios le había pedido / que te hundiera más que a mi / Dios me ha dado ese capricho / y he venido a verte hundida / para hacerte yo en la vida / lo que tú me hiciste a mí.”

Nuevamente es la mujer quien de manera inevitable ha producido en el hombre que era bueno y la quería, un daño, un abandono o una traición y por eso él, ante el sufrimiento, desea la venganza a manera de justicia porque fue agredido primero. Incluso para justificar el hecho se hace referencia a que cuenta con el beneplácito de Dios al conceder el deseo.

En este panorama de malas, ingratas y traicioneras, las mujeres de las canciones se contraponen al estereotipo fílmico nacional de buenas, sufridas, abnegadas y dependientes. Con ello de demuestra que al no cumplir con el comportamiento esperado, automáticamente se vuelven fallidas. De esta manera, la que no sufre por un hombre es ingrata; la que no se resigna a su suerte es mala y la que no depende de “su hombre” es traidora. Y en todo caso en la visión del imaginario podría prestarse a una confusión de creer que las mujeres mexicanas o son estúpidas o son malvadas.

Lo cierto es que ni en uno ni en otro caso corresponden a la realidad, sino a la forma en que estos autores quieren que el mundo nos vea. Más aún porque no es solo una imagen para el resto del mundo, es una serie de normas del deber ser que regulan la conducta de las personas y las convierten en estereotipos y no en seres humanos de carne y hueso.

Bienvenidas entonces las posibilidades de nuevas manifestaciones culturales que reflejen a personas con aciertos y con errores y que dejan de ser juzgadas porque lo que hacen corresponda con una imagen estereotipada en el siglo pasado. 

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