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La Revolución de Trump

Reflexiones Libertarias
Por: Ricardo Valenzuela/Economista/Colaborador huésped

La primera elección que tuve oportunidad de presenciar como residente de los EU, fue aquella en la cual, en una avalancha de votos, Ronald Reagan fue electo para tomar las riendas del Estado, en un país que para muchos ya requería los santos oleos. Cuatro años de Jimmy Carter lo habían herido profundamente. Su economía parecía estar expirando, la inflación era una pesada cruz sobre la espalda del pueblo. Los EU eran brutalmente humillados por los Ayatolas de Irán, invadiendo su embajada y mantener 52 ciudadanos como rehenes. Antes de la elección, las encuestas daban una clara ventaja al presidente frente a un retador que lanzaba su sombrero al ruedo desde California, donde había sido gobernador. "Es solo un mediocre actor", afirmaban los estrategas demócratas, "no tiene posibilidades". "Está muy viejo", afirmaban otros. "Su plan de reducir impuestos es una locura, es economía vudú, la gente no la compra", afirmaban los asesores económicos del presidente.

trump reflexionesSin embargo, aquel noviembre de 1980, al iniciar la contabilidad de los votos, de inmediato señalaban que el actor de Hollywood se convertía en el presidente electo. Reagan había estudiado economía antes que el Keynesianismo invadiera las universidades de EU y, por ello, entendía bien los problemas que en esos momentos, como las plagas de la Biblia, azotaban a los EU. Ese mismo día eran liberados los rehenes en Irán. La rehabilitación del país sería admirable.

Ocho años después entrega las riendas a su vicepresidente, George H W Bush, quien luego de romper su promesa de; “no más impuestos,” perdiera su reelección ante un joven político con intensos y negros nubarrones en su pasado, Bill Clinton. En esos momentos se iniciaba la consolidación de una mafia política, sirviendo a otros muy altos intereses, para adueñarse del país desfigurando y corrompiendo el otrora honorable servicio público, aprovechando una sociedad ya contaminada por la media vendida y las universidades socialistas.

En los siguiente 24 años, se construían los cimientos para convertir el país en lo que hoy día atestiguamos; una república que ya no lo es, un país controlado por la mayor concentración de criminales que haya conocido su historia.

Bill Clinton, primero, utilizando su olfato político y, sobre todo, presionado por un nuevo congreso republicano liderado por Newt Gingrich, da un impresionante giro al timón de las políticas socialistas de su primer mandato, para al final de su administración entregar notas, no solamente buenas, sino sobresalientes. Todos pensamos, los demócratas regresaban al carril para de nuevo ser el partido de Cleveland, Jefferson. Qué equivocados estábamos.

Con la elección de Bush II, se aceleraba el abrazo para asfixiar al pueblo americano con incrementos incontrolables del gasto público, guerras que desangraban al país, crecimientos desmedidos en entarimado del Estado de Bienestar, del déficit del presupuesto, la deuda. Al final de su administración, los abusos de tantos años pasaban la factura, explotando una de las peores crisis económicas de los últimos 50 años. La rabia del pueblo se manifestaba rechazando al establishment republicano como un todo.

En una sorpresiva elección, aquel Noviembre del 2008, el pueblo de EU se decidía por un joven y desconocido senador afroamericano, para ocupar la presidencia. De inmediato se inician las especulaciones por el misterio que envolvía su pasado. Desde su lugar de nacimiento, sus estudios, sus orígenes, sus familiares. Lo que sí se tenía muy claro, era que, desde su niñez hasta arribar al senado, siempre había convivido con peligrosos y violentos marxistas y, en algunas de sus escuelas, se le había identificado como alumno extranjero y musulmán. También eran claras las relaciones que mantenía con famosos terroristas de Chicago.

La presidencia de este hombre se distinguiría por el tejido de una invisible red para aprisionar el país, en un capullo de socialismo tan sigilosamente establecido, que muy poca gente se daría cuenta. Las regulaciones fluían como crecientes de los arroyos en verano. Con su teléfono y su pluma, como el mismo lo presumía, sin control de la oposición se dio a violar la Constitución, hiriendo los cimientos básicos de la República, con sus órdenes ejecutivas que salían de la oficina oval, como el vuelo de parvadas de palomas al oír el estallido de una escopeta. En los primeros 6 años de su mandato, los EU perdían diez puestos en el índice mundial de libertad económica.

Los EU arribaban al octavo año de su administración con un gobierno ahogándose en gastos, de un endeudamiento sin precedentes, un nuevo racismo cortesía del presidente, cabalgando sobre la recuperación más raquítica de la historia. En medio de un panorama internacional en el que bullen guerras por todo el mundo. Ante panorama tan desolador y, sobre todo, ante la posibilidad que se consolidara el grupo criminal al timón de la nación, emerge un hombre en busca de la nominación del partido Republicano, Donald Trump. Un hombre con un aura de éxito en el mundo de los negocios, pero sin experiencia política. En sus apariciones para declarar su intención, se refería a “algunos inmigrantes mexicanos ilegales” como violadores, narcos. Pero jamás cubrió con ese manto a todos los mexicanos.

De inmediato México entero se hacía propietario de su ofensa. Trump se había convertido en vocero de un gran segmento de la población, harta de inmigrantes ilegales invadiendo las calles, blandiendo la bandera mexicana, violentamente exigiendo derechos imaginarios. Hartos de una frontera porosa por donde cruzan, estimado por ICE, 3 millones de ilegales cada año, toneladas de droga, armas y toneladas de dinero en efectivo, convirtiéndola en zona de guerra. Hartos de Jorge Ramos de Univisión y su spot pasado cada 15 minutos; “Día a día, los hispanos estamos cambiando el rostro de los EU”. Ellos no quieren tener un Tepito en sus comunidades.

Trump se lanzó a una cruzada contra todo y contra todos ¿Sus enemigos? Toda la media vendida, demócratas, republicanos, ex presidentes, el presidente de EU, y el gran establishment en general, tanto que hasta trataron de asesinarlo ante una prensa callada. Los mexicanos lo declararon enemigo público #1 definiéndolo como racista, misógino, homo fóbico, islamo fóbico, pero al pedir pruebas de lo afirmado, guardaban silencio. El odio que expresan por este hombre, ha sido tal que empaña su visión para detectar lo que fuera el verdadero peligro, una posible administración de la mafia Clinton—Obama.

 No hablo de las cualidades de Trump, porque cuando el odio ha echado raíces tan profundas, no hay posibilidad de penetrar mentes selladas. Trump fue electo por ese gran segmento abandonado y olvidado por todos, por el hombre solitario con su pobreza y sus penas, el obrero sin trabajo, el agricultor sin semilla y sin arado, el pequeño comerciante hostigado por inspectores del gobierno, por impuestos. Y los que afirman, como Catón, fueron los oligarcas, no tienen idea de lo que hablan. Pero lo que no tiene discusión, es que Donald Trump es el presidente electo de los EU, y más vale que nos acostumbremos.

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