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AL DIABLO LOS POLÍTICOS

COLUMNA

DE PE A PA

Por Alberto Vieyra Gómez

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AMN.- Los malos ejemplos cunden. En el 2006 el llamado Nicolás Zúñiga y Miranda de este siglo, Andrés Manuel López Obrador, alías El Peje, con inusitada ligereza y cinismo, incitó a los mexicanos a “Mandar al diablo a las instituciones”. ¿Pero, por qué no mandar, mejor, al diablo a esos politicastros que han erosionado a las instituciones sólidas y creíbles que nos heredó el viejo sistema priista?

presidenciales¿Qué fue lo que realmente quiso decir El Peje con mandar al diablo a las instituciones? ¿Seguramente quiso decir que hay que mandar al diablo a las instituciones que no sirven? ¿Por qué no sirven esas instituciones?

Muy simple, los que no sirven son los politicastros carentes de oficio político, mafiosos, amantes del derechueco y no del estado de derecho, que las han prostituido, erosionado, transgredido, las han vuelto corruptas, inservibles, carentes de la confianza popular, y las han vuelto serviles solamente para favorecer a las oligarquías poderosas del dinero y la política.

Eso de mandar al diablo a las instituciones ha provocado, no sólo, la desobediencia civil de los mexicanos en contra de las instituciones, sino de los propios politicastros que, un día sí, y el otro día también, las mandan al diablo, porque, mandándolas a la rechintola, ellos andarán como peces en el agua, disfrutando de inmunidad, que es sinónimo de impunidad.

Casi al comienzo del sexenio peñista, las instituciones de impartición de justicia, fueron mandadas al diablo por el inquilino de los Pinos, cuya principal promesa de campaña electoral fue erradicar la inseguridad y hacer de este México macabro un país seguro. Nada de eso ha ocurrido aún.

Cuando estalló el cuete por la Casa Blanca de las Lomas de la familia presidencial, el inquilino de Los Pinos relevó al titular de la función pública que tenía la obligación o la función de investigar ese asunto del jacalito de la familia presidencial. Fue el más claro ejemplo de mandar al diablo a las instituciones, incluyendo a la presidencia de la república.

Se mandó al diablo, también, a la PGR, que históricamente, ha sido, desde el porfiriato, el instrumento de venganza política sexenal, porque, no se ha nombrado al fiscal general de la república, que debe ser apartidista y totalmente independiente del ponzoñoso presidencialismo, se busca impunidad para que, los que hoy están en el poder, mañana no sean perseguidos por sus barbaridades.

 Pero también se mandó a freír hongos a la fiscalía anticorrupción, por los mismos motivos. Y se mandó al diablo al senado, a la cámara de diputados, y a la fiscalía electoral, y todo porque, a esa nefasta clase política, le interesa que no funcionen las instituciones mandándolas al diablo.

Es tal el veneno que López Obrador sembró contra la república con esa maldita frase de “Al diablo las instituciones”, que esa maldita cultura ha trascendido al plano internacional. Apenas, 2 diputados de MORENA, propiedad de El Peje, y uno del PRD, fueron prácticamente deportados de Azerbaijan, y el gobierno de aquella nación elevó una queja contra el gobierno mexicano porque esos ciudadanos legisladores, que están acostumbrados a mandar al diablo a las instituciones, las fueron a mandar por aquellos barrios, y les enseñaron que allá las instituciones se respetan o se respetan.

Conclusión, no es a las instituciones nacionales, a las que hay que mandar al diablo. A los que hay que mandar al diablo son a la mafia del poder político, incluyendo a López Obrador, que son los causantes del pudridero en nuestras instituciones. Porque, el día en el que las instituciones tengan funcionarios honestos y probos, ese día nuestras instituciones gozarán de la confianza de los mexicanos y funcionarán como los relojes suizos.

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