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DESAIRE.

Por: Alberto Vieyra Gómez//Periodista//Analista//Columnista de AMN.

 

Hace una semana, el papa Francisco, a través de los conductos diplomáticos, anunció que el pontífice no vendrá a México a participar en los foros para la pacificación del país que organiza para el mes de agosto el gobierno de ya saben quién… ¡Vaya desaire!

 

1papaLas razones son lo de menos, lo importante es el desaire de Jorge Mario Bergoglio al nuevo gobierno, que busca que le ayuden a poner fin al temible México de las malformaciones sociales, donde se suscitan más de 30 mil muertos anuales por una absurda e hipócrita lucha contra los carteles de las drogas.

 

El desaire del papa Francisco no gusto a los adictos de AMLO, muchos menos a él, pero el papa sabe que sólo sería usado con fines políticos pues la pacificación de México no depende de que él venga a condenar a las mafias, sino de acciones de gobierno torales como son:

 

La creación de empleos dignos y bien pagados, la redistribución de la riqueza nacional que está en manos de 50 familias poderosas, la legalización no solamente de la hierba mala (marihuana), sino de todas las drogas que estarían bajo el control del Estado y de las mafias que quieran pagar los impuestos de rigor.

 

Recordare que allá por 1930, en Estados Unidos el alcohol se vendía de manera clandestina. Había lecheros con botes de doble fondo, en los cuales la mitad era para el alcohol y la otra mitad para la leche. El tráfico de alcohol dio como resultado la proliferación de mafias, pero cuando el alcohol fue legalizado, como por arte de magia se acabaron los alcapones y el Estado cobró los impuestos de rigor. Esa es la mejor manera de desalentar a las mafias.

 

En el asunto de la criminalidad, a razón de la disputa por los territorios y plazas, figura la industria de las mafias, que a nivel internacional controlan más del 12 por ciento del PIB a nivel global, según el Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional.

 

Así que el asunto no se resuelve con visitas papales, ni con mejoralitos, sino con intervenciones quirúrgicas milimétricas y matemáticamente exactas. Se trata, en suma, de desalentar esa industria del mal.

 

El problema de la desbocada violencia que exhibe a México como una nación bárbara y en el atraso no depende de que el papa nos visité e incluso que se venga a radicar a México, ni tampoco depende de aumentos de policías o de presupuestos que se van a dar a un barril sin fondo, menos de declaracionitis populista. Todo depende de cómo atacar las “causas” que la propician y no las “consecuencias”, como se pretende hacer.

 

Ya lo hemos dicho más una vez y lo repetiremos cuantas veces sean necesario que el origen de todos los males de la nación azteca es la maldita economía neoliberal, tachada por el papa Francisco como “La economía de la muerte”.

 

Por ello, urge reactivar todas las cadenas productivas del mercado interno, para revivir la pequeña y mediana empresa, la gran generadora del empleo, sepultada por Carlos Salinas de Gortari y el injusto TLC con Estados Unidos y Canadá.

 

Urge despenalizar drogas en toda la larga cadena, le guste o no le guste al tío Sam donde existe la meca de los narcodependientes con más de 40 millones de adictos y donde el gobierno combate hipócritamente ese cáncer fuera y no dentro de sus fronteras.

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