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La anti-corrupción como vacuna y viruela.

Por:Ángel Trejo//Columnista//Analista//Colaborados huespèd de AMN.

Los cinco candidatos presidenciales coinciden en el diagnóstico de los problemas nacionales más graves, pero difieren en la forma de combatirlos.

-En eso precisamente consiste la campaña electoral: en que las diferencias de propuestas de solución atraigan a los ciudadanos y que el mayor número de estos decida quién debe ser el próximo Presidente de México. En esta sencilla regla de elección democrática, sin embargo, hay candidatos que tienen diagnósticos acertados de lo que ocurre en el país, pero sus ofertas de solución son erróneas, falsas o de plano mentirosas.

vacunacion¿Por ejemplo?

-Un ejemplo de diagnóstico acertado sobre la causa del crecimiento exponencial de la pobreza en México en los últimos 40 años lo aporta hoy Juan Diego López Obrador cuando afirma que el modelo económico neoliberal es su principal causante, lo cual está probado no sólo en nuestro país, sino en todo el mundo con excepción contada de algunas naciones. Esta diagnosis, sin embargo, no está asociada a una propuesta de solución consecuente, pues Juan Diego está proponiendo debilitar al Estado mediante su iniciativa de reducir impuestos e inhibir la participación estatal en proyectos de infraestructura estratégica.

¿Te refieres al Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAIM)?

-En efecto, en ese tema a discusión con los grandes empresarios Juan Diego está mostrando sus principales debilidades: su tendencia al simplismo, a la improvisación y a la contradicción, pues pese a su presunta inclinación al viejo estatismo priista –desplazado por el neoliberalismo- ahora está proponiendo la concesión integral del NAIM a la iniciativa privada a fin de que el Estado nacional no gaste dinero del erario público y no haya corrupción gubernamental. Esta salida, sin duda voceada por los grandes empresarios que lo apoyan a fin de que se reconcilie con los que no entienden todavía su verdadera posición al respecto, evidencia su clara filiación neoliberal y su nula proclividad hacia el reformismo o la socialdemocracia. En los varios cambios de opinión que ha mostrado en el debate sobre el NAIM se ha advertido además su escasa visión de Estado y su gran capacidad de inventiva para las ocurrencias.

No entiendo esta crítica, porque por un lado estás de acuerdo con las inversiones privadas alentadas por el actual gobierno, pero por el otro criticas a El Peje porque quiere entregar enteramente el NAIM a la IP.

-La propuesta de Juan Diego de entregar absolutamente el NAIM a la IP es inconsecuente con su presunta ideología estatista, ya que con esta última ocurrencia se desentiende del hecho de que una obra estratégica como la citada debe estar bajo control del Estado, por razones de seguridad nacional y pública, militares, económico-fiscales, comerciales y aun sanitarias. Los sistemas de transporte y comunicaciones deben estar al cuidado directo del Estado, casi con el mismo interés prioritario con que se manejan los energéticos, el agua, los alimentos, los energéticos y los recursos financieros. Un Juan Diego genuinamente socialdemócrata y estatista estaría hoy proponiendo a los electores la estatización de la banca o al menos nacionalizarla; pero es obvio que jamás lo va a proponer porque sus asesores neoliberales volarían de su lado.

Él no quiere dinero del gobierno en el NAIM, a fin de evitar el manejo corrupto de las finanzas del Estado.

-¿Por qué le preocupa ese gasto? ¿Acaso no podría controlar su manejo a partir de diciembre próximo, ahora que actúa como si ya estuviera en el Palacio Nacional? En su boca ese discurso es otra de sus tantas mentiras y lo usa a sabiendas de que no podrá acotarlo como dice, porque la corrupción es inherente al sistema económico y su presencia endémica en este continuará por siempre. La anti-corrupción es la más vieja de banderas políticas en México. Viene desde los tiempos de Carranza (“carrancear” equivalía a robar desde el gobierno), de Obregón y Calles, y hoy su supuesto combate sigue rindiendo frutos políticos. Por ello no es casual que dos de sus abanderados vigentes, Ricardo Anaya y López Obrador, estén marcados con graves sospechas de corrupción en sus manejos personales. El primero por la compra y venta de un terreno público del gobierno de Querétaro y el otro por su asociación política con René Bejarano, el “Señor de las Ligas”; con su ex tesorero en el GDF, el gran apostador de Las Vegas; con las colectas de campaña que el año pasado hacía la diputada panista Eva Cadena; por el sospechoso encriptamiento de su manejo presupuestal en el GDF entre 2000 y 2005 y, asimismo, por sus 12 años continuos de campaña electoral sin explicar de dónde ha sacado el dinero para viajar ese tiempo por todo México y el extranjero.

Entonces, según tú, ¿no debe combatirse la corrupción?

-¡Claro que debe combatirse! Pero su combate debe empezar en quienes hacen discurso demagógico con la bandera de la anticorrupción y lo primero que debieran hacer Anaya y su Juan Diego es explicar detalladamente las muchas preguntas que están en el aire con respecto a los 54 millones de pesos del terreno queretano, en el caso del “panista de izquierda”, y con relación a los cientos de millones de pesos que el dueño de Morena ha gastado en sus campañas presidenciales, para ya no hablar de lo que hizo con el dinero que Bejarano recogía en 2004 para su campaña presidencial de 2006. La corrupción, por lo mismo que es endémica del sistema económico, es inmediatamente perceptible como la calentura, la viruela, el sarampión, la diarrea o la embriaguez: luego se deja ver en el nuevo rico o en político hocicón que no trabaja y hace canción, bandera pregón con su remedio.      

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