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Don Dueño y otra de sus megalomanías

agencia amloPor: Ángel Trejo/Analista polótico/Colaborador huésped

Que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) sea el creador, fundador, imagen corporativa, candidato presidencial y dueño de Morena (Movimiento de Regeneración Nacional) no lo inhabilita para que también pueda ser su presidente nacional, sobre todo, ahora cuando tal posición puede garantizarle la aparición continua al frente de su propio partido si llegara a prosperar la queja del líder priista Manlio Fabio Beltrones, quien lo acusa de sobrerepresentarse en los spots de la su adelantada campaña presidencial de 2018.

¡De qué le serviría a AMLO ser Juan Diego si no pudiera ocupar nominalmente también la posición de vicario o abad de su misma capilla? ¡Caería en error de lógica política, en ilógica de poder y, sobre todo, en una abierta contravención a su propia manera de ser y a su muy particular estilo de dirigir al partido de su propiedad! ¡Esperar otra cosa de él sería equivalente a suponer que su padrino Carlos Slim podría renunciar a América Móvil, Emilio Azcárraga a Televisa y al América Soccer o Ricardo Salinas a TV Azteca y Elektra!

Sí, AMLO ha procedido adecuadamente para continuar alimentando su ego y su precampaña presidencial y enfilarse a cumplir con la que encomienda que la oligarquía mexicana y extranjera le han dado desde 2000 a la fecha: dividir el voto mayoritario centrista (socialdemócrata) -del cual se alimentan el PRI, el PRD, PMC y Morena- a fin de “justificar” un eventual retorno del PAN a la Presidencia de la República en 2018.

Esta es la razón por la que la prensa de derecha está celebrando como una “obra maestra” o una “genialidad” la más reciente de las autodesignaciones del dueño de Morena, sin advertir que tal decisión pudo ser uno más de accesos de megalomanía y que su sobrexposición política en casi tres lustros puede generarle mayor desgaste personal e institucional, como ya se vio en las elecciones federales de junio de este año cuando su partido apenas logró pintar como segunda fuerza en el Distrito Federal.

Si el dueño de Morena pudiera verse en el espejo de Juan Diego, advertiría que con la beatificación ordenada por el Vaticano no le ha ido nada bien en términos de popularidad votiva, y que en su caso el arrimo político a esa imagen religiosa no le ha producido ningún rendimiento electorero significativo.

Por ello, es previsible que su nueva misión institucional en Morena –además de la de dueño, creador, fundador, figura emblemática y corporativa, vocero principal, candidato presidencial, líder moral, etcétera, etcétera, etcétera, difícilmente podrá hacerlo crecer en los próximos meses y años.

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