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CERDOS

AMN.- Cerdos, puercos, marranos, retesos y un largo etcétera etcétera, se les  puede aplicar a esos de la ponzoñosa partidocracia, que han llevado a México a la descomposición social más macabra y peligrosa de que se tenga memoria.

25No me cansaré de repetir que esa inmoral clase política ha provocado que México cuente con un Estado fallido; un Estado en el que prácticamente todos están como socios del crimen organizado. Sí, no se sabe en donde comienza el Estado y donde terminan las mafias, o dónde comienzan las mafias y donde termina el Estado.

Cuando no son policías, son politicastros, o ambas cosas las que se han amafiado con las mafias.

Hay que decirlo con todas sus letras, a riesgo del pellejo: el narcocrimen goza de la protección oficial quizá en el 99.9% de los casos.

Para muestra un botón.

Cuando menos una decena de familiares, amigos, segundos frentes incrustados en el gobierno y los cuerpos policiacos en Tláhuac, servían como células de protección al tristemente celebre mafioso, Felipe de Jesús Pérez, alias El Ojos o El Patrón, como le llaman los moradores de Tláhuac.

El Patrón, pudo así conformar una extensa red mafiosa que secuestraba, extorsionaba, asesinaba, lavaba dinero sucio en comercios en varias delegaciones de la capital de la República, pero sobre todo, era el rey de la droga. Pero misteriosamente el delegado de Tláhuac, Rigoberto Salgado, que milita en el partido de Morena y fue puesto por dedazo del Peje, jura y perjura que no sabía nada, nadita de nada.

¡Que se lo crea su abuelita! ¿Creerán esos cínicos politicastros, que los mexicanos con uso de razón, les creemos?

Sí, son expertos en la mentira. Las mentiras las hacen verdades, lo malo lo hacen bueno, o por lo menos llevan al pie de la letra la máxima de Cantinflas de confundir a la gente: “Si no puedes convencer, confunde Chato”.

El Peje también niega cualquier vínculo con los mafiosos, y como ya es su costumbre, cínicamente dice que es campaña de la mafia política para desprestigiarlo.

Entre la partidocracia se tapan unos a otros. Se rinde culto a la máxima de la política: ‘tapaos los unos a los otros’.

Ese es un gravísimo problema de México, la industria de la política, como todas industrias, ha dado lugar al nacimiento de ponzoñosas mafias que se disputan rabiosamente en cada elección nuestros dineros públicos y los puestos en el gobierno, para desde ahí crear conjuntamente con las mafias imperios que se convierten en flagelo de la sociedad.

Así, compatriotas, con miras a las elecciones federales de 2018, vale la pena reflexionar una y mil veces sobre nuestra suprema voluntad que expresaremos en las urnas. México no puede seguir en el camino del despeñadero. Urge que con inteligencia los mexicanos, leamos y releamos, lo que reza el artículo 39 constitucional, que a la letra dice:

“La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.”

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