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La extemporánea “dictadura del proletariado” de Nicolás Maduro

Por: Ángel Trejo/ Analista político/ Colaborador huésped

El fin de semana se suscitó la rebelión de un grupo militar contra el gobierno de Nicolás Maduro.

-Esa no fue una rebelión, sino una prueba de laboratorio para ver cómo reaccionaban las fuerzas armadas de Venezuela, la oposición y la ciudadanía.

maduro31Su origen pudo estar lo mismo en el propio gobierno de Maduro, que en la oposición o en todas o alguna de las agencias de Estados Unidos que están conspirando contra este señor. Quizás sea sólo una advertencia de lo que puede pasar. Por ello gran parte de las informaciones y de las reacciones sobre el asunto apenas nos han llegado; es decir, no ha habido la debida prodigalidad con que se suele informar de la dramática situación que vive Venezuela. Es evidente que hay incertidumbre y suspenso sobre el origen mismo del supuesto acto terrorista, según las palabras del gobierno de Maduro.

¿Por qué no suponer que el grupo de Juan Caguaripano, presunto disidente de la Guardia Nacional Bolivariana, no es expresión genuina de rechazo al gobierno de Maduro?

-Porque tanto el supuesto acto de “terror militar”, así como su relación a toro pasado y el nombre de su supuesto líder, se antojan demasiado preparados para proyectar la idea de que ha fallado una conspiración contra Maduro y que el carácter limitado de esta sólo tuvo como objetivo provocar una reacción múltiple en diversos sectores. Fue algo así como una medida de calor al agua de los camotes. Por ello la mayor sospecha recae en Maduro y los militares que están a su lado, a fin de que con la supuesta “rebelión” pudieran saber quiénes podrían embaucarse. De ser cierta esta hipótesis, ello implicaría que el propio gobierno autodenominado bolivariano debe sentirse inseguro ahora, porque presume que existen muchos militares en esa situación. Claro, también hay la posibilidad de que los gringos y los opositores de derecha más exaltados pudieran estar detrás de esa “prueba de laboratorio”. Todo esto evidencia de que la salida militar está en proceso de evaluación y preparación para el caso de que Maduro y su grupo se obstinen en la integración de una “dictadura del proletariado” seudo-izquierdista que sólo lograría precipitar una abierta intervención armada directa de Estados Unidos o un golpe militar de ultraderecha, que es lo peor que pudiera ocurrir ahora en Venezuela y a toda la América Latina. Por todo ello la rebelión de Caguaripano se ofrece como una cagada fuera de tasa de baño, algo rara y ocurrente, por no llamarla abiertamente sospechosa desde cualquier ángulo.

¿Qué hacer?

-Vladimir Ilich Ivanov, Lenin, se planteó esa pregunta en un célebre ensayo comunista escrito 15 años antes de que llegara al poder, al cual sólo pudo acceder después de organizar intelectuales, grupos burgueses y pequeños burgueses, masas laborales, campesinas y militares y propiciar un golpe de Estado, genial desde los puntos de vista político y militares, contra sus ex aliados burgueses en 1917. Ese golpe fue factible gracias a la extrema inteligencia de Lenin y varios de sus aliados de izquierda, entre ellos León Trotsky, y a que contaba con el apoyo de obreros, campesinos y militares. Lenin tenía bien claras las tareas que se le vinieron encima del 17 en adelante, pero las asechanzas imperialistas contra la Rusia revolucionaria lo obligaron a la toma de decisiones que finalmente lo obligaron al estatismo económico y político que inhibió el desarrollo del socialismo según las propuestas de Marx y Engels. Su prematura muerte en 1923, la toma del poder soviético por cuenta de José Stalin y la derrota política de Trotsky vertieron finalmente en un estatismo brutal y negativo que impidió el desarrollo de la teoría comunista tal como la había propuesto Marx. Debieron pasar 72 años en Rusia (1917-1989) y 30 años en China (1979-1979) para que los nuevos dirigentes socialistas de ambos países se dieran cuenta que el estatismo, fórmula económica muy antigua, no era la propuesta única ni mucho menos básica para emprender un proceso de desarrollo socialista y que la etapa de transición que los comunistas denominaron “dictadura del proletariado” no significaba la negación inmediata ni absoluta del capitalismo, de su estatus jurídico y sus principales instrumentos sociales (mercado, administración empresarial, banca, moneda, etc), ni mucho menos la sustitución del empresariado privado por una burocracia estatal carente de creatividad empresarial y política, sino un largo periodo de convivencia política, económica y social entre un gobierno de mayoría trabajadora, empeñado en desarrollar completamente el modo de producción capitalista hasta agotarle su capacidad de creatividad, a fin de sustituirlo por el socialismo. Esta teoría socialista sobre el “gobierno del proletariado”, creada por Marx, Engels y enriquecida por el propio Lenin y Trotsky, jamás impuso fechas aproximadas o fatales de duración, aunque en años (los 80), cuando los comunistas chinos decidieron rehabilitar al capitalismo y emprender ahora sí una “dictadura” o gobierno del proletario, se dieron un plazo de un siglo para intentar el desarrollo integral del capitalismo en su extenso territorio. O sea que hasta el año 2080 los chinos comunistas seguirán perseverando en la promoción del sistema capitalista, según el modelo "socialista” de mercado.

¿Maduro gobierna Venezuela según la teoría de la dictadura del proletariado?

-Quizás sí, por lo que hace y dice con respecto a las acciones políticas y económicas de su gobierno y su partido; pero lo estaría haciendo con base en repetir mal y muy limitadamente lo que se hizo en la Rusia de 1917-1989 y la China de Mao Tse Tung entre 1949 y 1979, en lugar de hacer lo que los nuevos gobiernos de ambos países hicieron a partir de la rehabilitación del capitalismo. Es decir, está ensayando mal un esquema político-económico fallido dentro de la experiencia centenaria del socialismo internacional, dentro de la cual ahora se hallan también Cuba y Vietnam.

¿Qué tendría qué hacer Maduro?

-Si efectivamente es socialista marxista, ponerse a estudiar lo que pasó antes en Rusia, China, Vietnam y Cuba; aceptar que Venezuela, al igual que la mayoría de los países de América Latina y el mundo entero, no está todavía madura para un estatismo ramplón como el que intenta y que la lucha por el socialismo es larga, compleja y que, como dijera Lenin en un también célebre artículo publicado en 1904, es más razonable “dar dos pasos hacia atrás, después de uno adelante”, que exponerse a que un enemigo demasiado fuerte arriesgue lo que se ha ganado. Por ello insisto que Maduro aún tiene oportunidad de rescatar las muchas, regulares o pocas fuerzas que aún conserva, negociar la paz en Venezuela e impedir que el imperialismo yanqui y la ultraderecha venezolana apelen a una golpe o una invasión militar gringa que arrase con todo lo que los socialistas de su país han logrado hasta ahora. Eso, y la lamentable situación de pobreza, hambre, desempleo e incuria que padece Venezuela, merecen la negociación y no una política del “todo o nada”. Aún ahora está a tiempo para dar los dos pasos atrás, luego intentar un paso y no dar tres pasos hacia el desfiladero. 

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