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HEROICO PUEBLO DE MÉXICO

Con esta pequeña obra de arte, rindo tributo a todos los héroes anónimos de los terremotos. No tengo duda en que ese heroico pueblo de oro levantará el vuelo ante la adversidad, como bien lo sugería el ilustre músico Don Pablo Moncayo en su inconfundible huapango.

Untitled-1-41¡Gloria a todos! Y perdón si omití a algunos héroes anónimos.

HEROICO PUEBLO DE ORO

Por: Alberto Vieyra Gómez.

Caprichosa es la madre naturaleza, estremeciendo la tierra, con asombrosa memoria de elefante.

Con dos macabros terremotos en 1985 y 2017, en 19 de septiembre.

Dios perdona, la naturaleza no. Y cuán vengadora, deja destrucción y muerte.

Pero se topa con heroicos mexicanos, para quienes la muerte ya es costumbre.

 

Heroico pueblo mexicano, la adversidad te cinceló con alma de bronce y corazón de oro.

Históricamente, y cual ave fénix, has resurgido de entre las ruinas y las cenizas.

Y siempre lo has hecho con envidiable paradigma de dignidad y decoro.

A las tragedias llegas primero, a diferencia del tibio gobierno y sus torpezas.

 

Infaltables serán en catástrofes los fantasmas convertidos en banderas de vida y esperanza.

Con 32 años de distancia, brotarían del anonimato Monchito y Frida Sofía.

Todo fue puro cuento, sendas noticias impactarían contra el gobierno por tan vil farsa,

Pero había que seguir salvando vidas sin parar de noche y de día.

 

Divisa de incalculable valor universal es la solidaridad de mi nación, profundamente humana.

La asombrosa y espontánea organización pondría a mi heroico pueblo por encima del gobierno,

Neutralizándolo con asombrosas cadenas de vida convertidas en indestructibles armas durante una semana.

Retumbarían en la tragedia el canto patrio y el Cielito lindo como himno eterno.

 

En cincuenta segundos, el sismo provocaría el empoderamiento ciudadano y un terremoto político,

Rebasados serían los partidos; el pueblo demostraba que ningún sacrificio por la patria es pequeño.

La generación millenial y los perros darían más esperanzas de vida que la clase política.

Monumento de gratitud merece el heroísmo de Frida, Eco, Manolo y Evil, perros rescatistas de ensueño.

 

México ha sido históricamente escenario de catástrofes y guerras desde la era mexica.

Ixtlixóchitl registró en 1354 un terremoto que reventó la tierra en el Valle de Anáhuac.

O la peste de tifo que mató en 1736 a 70 mil indios en Mesoamérica.

Y tras propinar la noche triste a Cortés, la viruela mataría al Huey Tlatoani Cuitláhuac. 

 

 

Desde siempre, a mi pueblo de oro lo marcaría la trágica semilla del dolor.

En el 1520 una mortífera peste de viruela facilitaría la conquista de la gran Tenochtitlan.

Anegada durante un lustro quedaría la ciudad; en 1631 no quedaba ni una flor.

En 1632 sería llevada en canoa a la catedral la guadalupana y el indio de Cuautitlán.

 

Los antiguos mexicas vaticinaban que el fin del mundo serían los terremotos.

Soles de la tierra o Tlatonatiuh llamaban los aztecas a los mortíferos temblores,

Que estremecían la tierra, dejaban estelas de muerte y provocaban gigantescos maremotos.

Asentado sobre el trepidante cinturón volcánico del pacífico, México será eternamente escenario de horrores.

 

Al llamado de la patria estarán primero tus bien nacidos hijos al pie del cañón,

Aunque no faltarán los lobos feroces con altruista disfraz de piel de ovejas.

La furiosa naturaleza topará siempre con un pueblo estoico que ignora la palabra rendición;

Amante de la vida, la libertad, la solidaridad y férreo odiador de las torpezas. 

 

 

Hoy rindo tributo a ese heroico pueblo de oro, como ejemplo universal.

Encinas y laureles merecen todos los héroes anónimos, gracias a ellos, México emergió.

Qué importa que retiemble en su centro la tierra, cuando existe un pueblo sin igual.

Y qué más da cuando la patria un soldado en cada hijo nos dio.

 

Pierre Bourdieu decía: “el Estado administra un habitus. Pero nunca puede administrar una tragedia.

Eso sólo lo hace un pueblo”; ese pueblo de oro brotaría como un amanecer.

Los niños, soldados, los perros, ancianos, bomberos, hombres y mujeres harían la epopeya.

Y gratitud eterna a las naciones generosas que ayudaron a México a florecer.

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