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Los Rubirosas de la Política

Reflexiones libertarias

Por: Ricardo Valenzuela/ Economista mexicano/ Colaborador Huésped

Creo que los estudiosos de la historia de los EU estarán de acuerdo que el país nacía con una estructura económica-política especial, desconocida y nunca antes aplicada. Desde que los inmigrantes arribaran a las costas de Nueva Inglaterra a inicios del siglo 17, nunca ocultaron que llegaban en busca de libertad, un virus que nacía en Inglaterra producto de las ideas de hombres como Adam Smith, John Locke, Hume, Mill, Ferguson. Ese mismo virus fue el que provocara la guerra por su independencia doscientos años después. Y al lograrse, emergían las mentes de Jefferson, Madison, Adams, para establecer esa estructura libertaria mediante su Declaración de Independencia, la declaración de los Derechos y su Constitución.

Zsa-Gabor-Rubirosa-Archivo-Historico LNCIMA20110213 0112 5En los siguientes cien años, esta estructura provocaba el país se convirtiera en el más rico y poderoso del mundo. Sin embargo, a finales del siglo 19, la masiva inmigración europea no solo proporcionaba el elemento más importante de una economía, la gente que configura los mercados. También le servía las nuevas ideas socialistas de moda en el viejo Continente, producto de la Revolución Francesa y un desempleado filósofo llamado Karl Marx, y como alguien afirmara por ahí, mientras no hay gente rica y exitosa, no hay socialismo ni comunismo. Los EU era una presa muy atractiva para el populismo.

Cuando trato de explicar en qué consiste el populismo, siempre acudo a las palabras del famoso play boy dominicano, Porfirio Rubirosa, quien estuvo involucrado con las mujeres más bellas y ricas del mundo, para explotarlas. Cuando alguien le preguntara ¿Qué les da a las mujeres para volverlas locas? Sin pensarlo responde: “Mentiras, promesas que nunca cumplo, ilusiones rotas, estafas, infidelidades, si se ponen necias, unos buenos jodazos hasta que se calman. Y cuando alguien me pregunta por qué se terminan mis relaciones con ellas, les respondo; porque se les acaba el dinero y a mí no me gusta trabajar”.

Ante un campo tan fértil, William Jennings Bryan emergía a finales del siglo 19 enarbolando su bandera populista, buscando la presidencia del EU en tres ocasiones distintas, siendo derrotado sucesivamente por los republicanos en los años 1896, 1900 y 1906, y después de cada elección, de inmediato desenvainaba la protesta de que le habían robado la contienda. Pero no hay duda que fue el responsable de que el partido demócrata abandonara su plataforma Laissez-Faire y gobierno limitado, para llevarlo hacia lo que se identificaba como un populismo con tintes rojos del socialismo alemán.

En su segundo intento, en 1900, William Jennings Bryan se enfrentaba por la presidencia con McKinley, esbozando un programa que comprendía la reforma aduanera, la guerra al imperialismo y a los trust financieros, y la promesa de promulgar un gran número de leyes de carácter socialista en favor de las clases más desprotegidas, como los obreros y las mujeres, siendo nuevamente derrotado. Tras su segundo fracaso, Bryan decidió apartarse temporalmente de la política activa para regresar a su “lucha social”, lo cual le valiera ser acusado de hacer demagogia barata sobre las diferencias sociales existentes en el país.

En 1906, Bryan aceptó por tercera vez ser candidato demócrata a la presidencia, y perdía nuevamente ante el republicano William Howard Taft. Sin embargo, su aparición en el horizonte político de EU tendría también otra consecuencia; el arribo a la presidencia de Woodrow Wilson, el primer gran socialista al timón del país que lo llevara a la primera guerra mundial. Los últimos años de su vida los pasó defendiendo el movimiento religioso denominado fundamentalismo, una corriente teológica que se oponía a las teorías darwinistas y a cualquier interpretación científica de la Biblia, y defendía con gran pasión la interpretación literal de las Sagradas Escrituras.

En Mexico la función había sido muy diferente. Los españoles arribaban en el siglo 16, no en busca de libertad, sino oro y plata. Establecían un esquema económico-político a imagen y semejanza de la madre patria; el Virreinato. La autocracia política de España y un sistema económico feudal, fue lo que la Nueva España vivió durante 300 años, enriqueciendo a España y empobreciendo a Mexico. Al inicio del siglo 19, lográbamos la independencia para iniciar una bacanal de guerra, muerte y destrucción que duraría 70 años. Porfirio Díaz emergía como el pacificador, para iniciar el periodo de un liberalismo, a su conveniencia, inspirado por Agustín Compte, considerado uno de los pioneros del socialismo europeo.

Ante la miserable pobreza y opresión en el país, explotaba la revolución para destruir la poca riqueza que se había construido. Se establecía una Constitución de corte socialista, se inauguraban las expropiaciones destruyendo uno de los principios básicos del verdadero liberalismo; la santidad de la propiedad privada. Se archivaba la democracia para establecer la dictadura perfecta. Se iniciaba un periodo de medias tintas que los políticos llamaran “economía mixta”, pero en la cual el estado fuera el Huey-Tlatoani, padre y señor nuestro. El estado de la era colonial, que se distinguiera por su corrupción, ante el nuevo estado mexicano lucía como un convento de monjes franciscanos.

Ante tal situación, y el partido divino perdiera lo revolucionario, la rijosa izquierda mexicana emergía de las cavernas y, como los mexicanos somos tan especiales, decidimos sacar de las profundidades del averno, no uno, sino dos Jenning Bryan mexicanos. El primero sería Cuauhtémoc Cárdenas que se lanzara como candidato a la presidencia tres veces. Y al no lograr su propósito, acudíamos al nuevo Jennings Bryan mexicano en la figura de un cantinflesco político llamado, Andrés Manuel López Obrador, quien, al igual que su contraparte americana, pasa a identificarse como un iluminado espíritu llegado del cielo para salvar la humanidad. 

AMLO ya ha contendido dos veces por la presidencia, y conocemos bien cómo siempre termina esa telenovela. Nuestro peculiar personaje gritando; compló, me robaron, para luego proceder a sus marchas. Pero en esta ocasión tal vez el final sea diferente, y es que jamás los mexicanos habíamos estados tan hartos de los políticos tradicionales y su descarada corrupción. Este es un particular fenómeno que recorre el mundo y puede ser tan potente, como el que llevara a la presidencia de EU a un populista y mercantilista, Donald Trump. Llevó al poder a un comunista corrupto en Venezuela, Hugo Chávez. Es por eso que el resultado ahora puede ser la elección de nuestro cantinflesco personaje. No sería el primero. Ya tuvimos algunos, pero si nos queremos asomar a ese recinto, revisemos los resultados de los dos últimos: Luis Echeverría y José López Portillo. Ahora, tal vez la presidencia de William Jennings López Obrador, no sea tan fatal como la de Hugo Chávez. O tal vez sí, y al momento de sentarse en la silla nos demos cuenta de sus mentiras, promesas incumplidas, ilusiones rotas, estafas, robos, infidelidades. Y a los que se pongan necios, les lluevan los madrazos.

Porque a mí me gusta pa que sea de la caballada de Rubirosa.    

 

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