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El Irángate de Obama—Kerry.

Por:Ricardo Valenzuela//Economista//Colaborador Huésped de AMN.

REFLEXIONES LIBERTARIAS

 

El acuerdo entre Irán y EU para detener al estado islámico en su proceso para fabricar armas nucleares se ha convertido en una telaraña internacional, que está desnudando las maquiavélicas estrategias del dúo Obama-Kerry, mostrando al mundo los extremos a los que llegaron persiguiendo objetivos totalmente diferentes a la seguridad de los EU. El haber ignorado el proceso constitucional requerido para la aprobación del pacto EU-Irán, Obama dejaba la puerta abierta a su sucesor para fácilmente cancelarlo.

1aesdAhora con la ayuda de la prensa nacional e internacional, la narrativa es que el presidente Trump ha demostrado al mundo que la palabra de EU no tiene valor.

Es el argumento principal que esgrimen los enemigos de Trump al haber decidido cancelar la negociación aprobada por Obama del Plan Nuclear Iraní (JCPOA). La manera en que el presidente ha ignorado las preocupaciones de sus aliados y socios que participaron en la negociación del Trato, es ahora criticada como una forma de epitomizar el América First en donde amigos y enemigos ya no pueden contar con los EU. Eso es lo que afirma el columnista del New York Times (diario del estado Profundo) Roger Cohen, argumentando el mundo se ha dado cuenta que la palabra de EU no vale. Su colega Nikolas Kristof describe el acontecimiento como una forma de vandalismo que demuestra una falta de respeto para ambas alianzas.

Pero el problema con este argumento tiene más que ver con los eventos del 2015 que con el debate presente de las razones para que Trump tomara esa decisión. Si la administración de Obama hubiera estructurado el acuerdo con Irán como un tratado dándole no solo legitimidad sino también la fuerza de la ley sería entonces justo argumentar que efectivamente se había afectado el prestigio de los EU, al no respetar sus compromisos. Pero, al deliberadamente haber ignorado el proceso constitucional para ratificarlo, Obama y Kerry cómodamente asumieron que, una vez que el acuerdo estuviera activado, nadie se habría atrevido a cancelarlo.

La opinión mundial todavía debate si Trump podrá regresar el reloj al 2013, cuando las sanciones internacionales lograban sentar a Irán en la mesa de las negociaciones. En aquel momento, con una economía iraní en ruinas, los negociadores islámicos no podían creer que, cada vez que ellos rechazaban las demandas de occidente, aparecía un sonriente Kerry aceptando la negativa para luego desenfundar nuevas concesiones. El resultado sería un pacto premiado con aprobación internacional de un programa que había sido considerado ilegal, y ahora se aseguraba el que Irán eventualmente lograra producir armas nucleares. Fue cuando Obama pensó que su legado estaba asegurado.

Aun cuando los documentos de la versión final del JCPOA nunca habían sido firmados por los iraníes, era el tratado foráneo más importante negociado por EU desde el final de la guerra fría. Sin embargo, Obama y Kerry no tenían la menor intención de seguir el proceso establecido por la constitución para este tipo de compromisos. En su lugar, lo habían clasificado como un simple entendimiento entre EU y otros gobiernos. La excusa para hacerlo, tan ilógica como falsa, eventualmente fue suministrada por Kerry cuando comparecía ante el Comité de Asuntos Foráneos de la Cámara de representantes, al responder a una pregunta: “Yo he trabajado por muchos años tratando de estructurar este tipo de acuerdos a través del Senado, y les puedo asegurar que es algo imposible de lograr. Por eso, simplemente decidimos ignorado. Porque con ese cuerpo no se puede lograr aprobaciones para gestiones como esta”.

Eso era un ejemplo clásico de la clase de acciones sin sentido que normalmente se le achacan al presidente, pero no a Kerry. Antes de 48 horas de las declaraciones de Kerry, el embajador de EU ante la Agencia Internacional de Energía Atómica presentaba un documento certificando la ratificación de un “tratado”: una enmienda a la Convención de Protección Física de Material Nuclear, uno de los cuatro pactos aprobados por el Senado en los años que llevaron hacia el primer Trato de Irán, bajo el mismo proceso de ratificación constitucional que había sido usado durante más de dos siglos. La verdad es que nunca había sido imposible aprobar un tratado a través de canales constitucionales que Obama y Kerry decidieron ignorar para engañar al mundo.

La soberbia de Obama al rehusar someter el JCPOA al Senado, sería el nacimiento de la mentira manipulada para dar la impresión de que la palabra de EU estaba en peligro por ese venenoso acuerdo. Pero en una de las más astutas maniobras en sus 8 años en la presidencia, Obama fue capaz de conseguir una hoja de higuera como cubertura congresional para dicho acuerdo, con ayuda de Republicanos que supuestamente se oponían al fraudulento trato.

Obama estaba haciendo política internacional con la misma arrogancia con la que nunca respetó la separación de poderes, como ya lo había mostrado en su política migratoria, manejada con su teléfono y su pluma. La posibilidad de implementar el tratado con Irán sin la aprobación del Senado no era diferente a su orden ejecutiva dando amnistía a millones de ilegales, sin tomar en cuenta al Congreso. La única diferencia fue la estúpida desesperación de algunos republicanos para dar la apariencia de que ellos habían participado.

Ese era el panorama al arribo de Trump. El Senador Corker, aliado de Obama, tendía una trampa para los opositores. Pausadamente establecía controles para inmovilizar a Trump, dándole al Congreso el poder de limitar la habilidad del presidente para manejar sanciones económicas. Pero lo que creó fue la confirmación del trato al revés. En lugar de requerir que dos tercios del senado convinieran por el pacto, le dio a Obama una vereda corta. Todo lo que ahora necesitaba hacer para impedir una resolución desaprobando el trato, era ejercer el derecho de veto para luego sostenerlo con solo un tercio de las representantes o senadores. La trampa había funcionado pues los republicanos no podrían reunir los votos para desrielarlo. Con eso, Obama falsamente anunciaba que el acuerdo había sido aprobado por el Congreso, a pesar de que se registrara la oposición de las mayorías en la Casa de Representantes y el Senado. El trato estaba condenado.

No es imposible lograr un acuerdo en un tema tan delicado como es la seguridad nacional. Si Kerry hubiera traído de Viena un “Tratado” acorde a la promesa de Obama para terminar, en lugar de legalizar y ayudar, el Programa Nuclear de Irán, hubiera logrado aceptación de republicanos y de aliados como Israel y Arabia Saudita. Pero lo que trajo fue un acuerdo para legalizar las acciones criminales de Irán, algo que el senado jamás aprobaría, y es cuando Obama-Kerry decidieron jugar al dictador tal vez pensando, “vale más pedir disculpas que pedir permiso”. Pero como dicen en el rancho, “ahí fue donde la mula se atascó en el zoquetal y se murió de sed”. 

De inmediato Irán informaba, burlándose de EU, que nunca habían detenido el proceso nuclear y, para lograr el apoyo de EU, habían sobornado a oficiales de su gobierno y muy pronto darían a conocer sus nombres. En estos momentos ya se pide la cabeza de Kerry por traidor, junto con la de su yerno iraní.

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