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UN VIRUS POLÍTICO

AMN.- Desde 1949, en Alemania, cuando menos cuatro partidos políticos fueron reconocidos por la ley como garantes de la democracia.

Los dos mastodontes son La Unión, conformada por la Unión Social Cristiana -CSU-y la Unión Demócrata Cristiana -CDU-. Dos de los partidos chiquitines, equiparables al PAN y al PRD en México, son: de centro-derecha, el Partido Socialdemócrata de Alemania -SPD-; de centro-izquierda, el partido La Izquierda, poscomunista; y se suma el ecologista y liberal de izquierdas, Alianza 90/Los Verdes.

PAN-PRD

Estos tres últimos partidos son los que han puesto el mal ejemplo al mundo. Han prostituido la política haciendo alianzas contranatura para conseguir la alternancia del poder por el poder, y ese virus infecta ya terriblemente a la partidocracia en América Latina.

Por ejemplo, en las elecciones presidenciales de este 5 de junio, en el Perú, la izquierda, en franca desesperación, y para evitar que se consumara la dictadura fujimorista, cerrándole el paso a Keiko Fujimori, la hija del genocida Alberto Fujimori, quien purga condena de 25 años por violaciones a derechos humanos, prostituyó la política peruana, trabando alianza con la derecha para hacer que ganara por un pelo de rana calva el empresario de derecha, Pedro Pablo Kuczynski.

Todo estaba fríamente calculado para que sólo los chicharrones de la señora Fujimori y su partido Fuerza Popular, tronaran, pero no contaban con la astucia de Verónika Mendoza del partido Frente Amplio, que aglutina a la izquierda peruana, que de última hora se echó en brazos del derechista partido Peruanos Por el Kambio, y esa alianza hizo el milagro político.

Keiko y su padre deben estar que no los calienta ni el Sol y maldicen a la joven Verónika Mendoza.

Sí, la prostitución política entre la derecha y la izquierda, le arrebataron el triunfo a Fujimori, que se conformará con tener una mayoría de 73 diputados de un total de 130 en el Congreso.

Ella tendrá que sentarse y esperar cinco años más para volver a acariciar las ansias por la silla presidencial.

Pero es en México donde ese virus de la prostitución política ha sentado sus reales entre el PAN y el PRD, la derecha y la izquierda, los ricos y los plebeyos; los perjumados y los apestosos, juntos y revueltos. Algo contranatura.

Desde hace ya una década, la izquierda y la derecha optaron, como lo marcan los cánones del Yunque, obtener el poder por el poder al precio que sea.

¿Y los principios ideológicos y políticos de ambas fuerzas en dónde quedaron?

En el basurero de la historia. Nada de que unos defienden a los ricos y los otros a los parias, aquí lo primero es lo primero y el número dos después, muy al estilo del filósofo de Güemez.

¿Acaso piensa igual un guerrillero que un empresario de la Coca-Cola?

De ese tamaño es el virus de la prostitución política en México, tolerado por la ley electoral.

Pero la izquierda y la derecha defienden a capa y espada su virus. Argumentan que es en aras de la democracia, la gobernabilidad y no sé qué tantas otras maravillas.

¿Y las alianzas del PRI con su rémora del Partido Verde, ya no funcionan? Aquí se lo diré mañana.

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