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COMPLEMENTOS

Por:Alejandra Teopa//Colaboradora húesped de AMN.

Realizar tareas escolares no era precisamente una de las actividades favoritas de Margarita, sin embargo, ésta en particular le resultaba atractiva y hasta interesante. La profesora de historia había encargado a la clase hacer una reseña biográfica de los tres personajes que más hayan influido en la vida de cada estudiante y agregar la explicación de los motivos por los que cada uno de ellos fue elegido. Las selecciones de los mejores trabajos pasarían a formar parte de la “Antología Biográfica” que periódicamente publicaba la Universidad donde ella estudiaba, además en este número habría un “premio sorpresa” adicional por aniversario.

 

1APAAunque Margarita tenía cientos de libros en su casa y había leído la mayor parte de ellos, esta vez decidió apoyarse con materiales de la biblioteca pues estaba decidida a que su trabajo no sólo fuera seleccionado para la publicación sino, definitivamente, el mejor. Los personajes que eligió fueron Simone de Beauvoir a quien admiraba no sólo por su teoría feminista sino por su coherencia para llevarla a la práctica; a Silvio Rodríguez, ese poeta seductor que le canta a la revolución como si fuera la más sublime de las mujeres y a … ¿Quién sería el tercer personaje que elegiría? Sin duda había muchos, pero ninguno con la fuerza y presencia que tenían los otros dos. Tenía que ser alguien que le representara a profundidad una faceta de sí misma, quizás algo que ella misma desconocía, pero ¿quién? Decidió dejarlo para el final, sin duda en la biblioteca encontraría la historia de una vida digna de contarse.

Esa misma tarde, Margarita recorrió los vacíos pasillos de la biblioteca. Había sido una buena idea ir allí la tarde del viernes, cuando el resto de los estudiantes estaba planeando irse de reventón el fin de semana y sólo quedaban en ella unos cuantos desadaptados que preferían disfrutar su soledad refugiados en las páginas de un buen libro.

Al principio no lo vio o pasó simplemente desapercibido, un hombre más que como ella, disfrutaba de la lectura, no era digno de llamar la atención; más bien fue él quien reaccionó por su llegada, le incomodó que ella interrumpiera con su taconeo el silencio de aquella sala casi vacía, luego, el ir y venir de la búsqueda de los libros y finalmente las exclamaciones de frustración al no encontrar el libro deseado. Molesto, le dirigió una mirada de desaprobación y un enfático “Shhhh” que más que pedir, exigía silencio.

Margarita se disculpó apenada y luego le explicó que no había encontrado los libros que buscaba sobre la Trova Cubana y en particular el que contenía los datos de sus integrantes. Así fue como enternecido, Felipe se ofreció a ayudar a Margarita a preparar su tarea, a pesar del cansancio en los ojos y la melancolía de sus palabras aquel hombre era un experto en el tema de la música. Les tomó varios días porque la información escrita no era abundante, pero él conocía bien dónde se podía obtener información inédita del autor y que resultó muy valiosa para la chica. Rápidamente identificaron los puntos que tenían en común además del gusto por la música cubana, como su afición a la lectura y el placer de caminar por las calles solitarias de la ciudad acompañados, uno por sus recuerdos, otra por sus proyectos. Pero más que las cosas en común, fueron sus diferencias las que los acercaron.

Ella, joven, impulsiva, caprichosa y sintiéndose omnipotente; él, maduro, nostálgico, melancólico y sintiéndose devorado por el mundo. La diferencia de edades tampoco fue obstáculo para que cada uno descubriera en el otro todo lo que no le era propio. Margarita le contó de todo lo que era capaz para lograr lo que se proponía mientras Felipe le platicaba de lo que él pudo haber estudiado. Ella se emocionaba al narrarle sus fracasos amorosos; él le describía el príncipe azul que se había negado a ser. Complementos perfectos: pasión-indiferencia, sueños-nostalgias, futuro-pasado.

La amistad creció con el paso de los días y la vida se fue transformando; aprendieron a disfrutar también de lo que no compartían. Lo mismo leyendo a Julio Cortázar que a Simone de Beauvoir; escuchando un día a Beethoven y al otro a Miguel Bosé; iniciando la discusión sobre las desventajas de la intolerancia saboreando un helado de chocolate para terminar hablando de los tangos de Gardel disfrutando el aroma de un buen café.

Para Felipe, era como descubrir el día después de esa larga noche que había sido su vida y que traía consigo la esperanza de volver a empezar, otra vez tenía ganas de vivir. Para Margarita era encontrar un mundo más allá de lo superficial, la esencia, la madurez. Sin duda conocer a Felipe había modificado su vida pero ahora su amigo debía partir.

Durante una de sus interminables pláticas él le había contado su deseo de conocer París y ella lo instó a visitar la Ciudad Luz, ésta era una magnífica oportunidad para volver a empezar y encontrarse con sus sueños. Sólo les entristecía tener que despedirse pero la vida sigue y Margarita todavía tenía una tarea pendiente que entregar. Así, una fría tarde de invierno se despidieron en el aeropuerto con la esperanza de realizar cada uno sus sueños.

Dos meses después, en la ceremonia donde se darían a conocer los trabajos seleccionados para la publicación, Margarita estaba nerviosa y muy inquieta, su acostumbrada impaciencia no le permitía disfrutar de las lecturas de poesía que se realizaron previo a la entrega de premios, le hubiera gustado que Felipe estuviera allí, sin duda la habría tranquilizado hablándole de las maravillas que encontró en el museo de Louvre o de lo relajantes que resultan las tardes caminando por los campos Elíseos. Cuánto de su amigo había quedado en ella que experimentó extrañarlo como nunca había extrañado a nadie. Ahora él debía estar pasándola bien mientras ella estaba en ascuas esperando los resultados.

Todavía tuvo que esperar treinta minutos más mientras se presentó al jurado encargado de la selección y la actuación de la estudiantina de la escuela. Finalmente, el momento esperado: la entrega de premios a los trabajos seleccionados para su publicación. Por supuesto, el primer lugar fue para Margarita Sosa por el trabajo titulado: “Felipe Maldonado, el personaje que más ha influido en mi vida” donde ella cuenta la biografía de ese poeta que ahora le canta a la vida.

Sus amigas la abrazan y la felicitan mientras Margarita escucha que el premio es una beca de estudios a París…

 

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